III. Reflexiones sobre la adolescencia: 13 rasgos de los adolescentes (III)

 

(Continuación del artículo publicado en noviembre)

7. En torno a los quince o dieciséis años, los jóvenes necesitan lecturas serias.
Es llamativo ver la rapidez con que, alrededor de esas edades, sus mentes crecen en capacidad de abstracción y en sensibilidad. Muestran un interés y una aptitud crecientes para el estudio en profundidad de difíciles problemas sociales y morales. Por tanto, deben leer periódicos, revistas de información general, biografías, historia, buena literatura. Muchas veces se sorprenden al ver que entienden y les gusta este tipo de lectura, sobre todo porque tan solo un par de años antes quizás podía haberles parecido insustancial y aburrida. Hay dos consideraciones de gran ayuda a este respecto.

1º) El tiempo dedicado a la televisión se debe reducir al mínimo. En otras palabras, conviene seleccionar los programas con antelación y, después, hay que aprender a verlos con un cierto sentido crítico.
2º) Los padres pueden aprovechar las reuniones familiares (comidas y otros momentos) para animar la conversación sobre temas de carácter social y acontecimientos de actualidad.

Es bueno que participen, especialmente los chicos mayores. Conviene tener presente, sin embargo, que a los adolescentes les gusta discutir por discutir, de manera que algunas conversaciones pueden acabar en animados debates. No hay nada de malo en ello, e incluso puede ser algo bueno. Además, a veces los chicos pueden tener razón en los temas que salen a debate. También aquí, si la familia mantiene con constancia esas costumbres (es decir, muy poca televisión y largas conversaciones de sobremesa) tendrán su mejor efecto cuando los hijos sean adolescentes. Si se comienza cuando son pequeños, se recogerán los frutos después. Muchos padres así lo han comprobado una y otra vez.

Una última cuestión en relación con lo dicho: la industria editorial ha publicado toneladas de libros insulsos para un público de niñas que todavía no han llegado a la pubertad, y muchos de ellos gozan de gran acogida por su «realismo», «mostrando situaciones reales» que ocurren a chicas de doce años. A menudo, describen esas supuestas situaciones mezclando un moralismo sentimentaloide con una franca amoralidad en el tratamiento de los comportamientos sexuales. Son, de hecho, genuinos seriales para preadolescentes. Aparte de que estas publicaciones tienen un contenido ligeramente lascivo, en el mejor de los casos no representan más que una pérdida de tiempo. Es una literatura narcisista.

Las chicas adolescentes necesitan salir de sí mismas y leer historias de gente que es real y vive en el mundo. Necesitan una ventana abierta a la vida, no un espejo (los padres con experiencia e inteligencia práctica examinan con buen juicio el contenido moral de los libros para adolescentes publicados en las últimas décadas, antes de permitir que sus hijos los lean).

Si los padres conocen a profesores con experiencia que compartan sus valores (y, por supuesto, deberían tomarse la molestia de buscarlos), podrán pedirles recomendaciones personales sobre lecturas. Los padres no tienen por qué leer a la vez que sus hijos; además, la mayoría no dispone de tiempo para hacerlo. Pero los chicos pueden comentar sus lecturas durante las comidas. En los dos últimos siglos, antes de que se inventara la televisión, este proceder era una costumbre familiar: uno leía un libro -a veces en voz alta para el resto de la familia- y después todos lo comentaban. Se aprendía mucho con ese proceder.

8. Una agenda personal es un regalo muy útil para un adolescente.
Normalmente, la necesitarán una vez cumplidos los catorce o quince años. La deberían usar para anotar citas, señalar plazos y fijar objetivos a lo largo de un período: el buen uso del tiempo es, en definitiva, otra forma de autocontrol. Es un gran invento para acelerar la madurez de los jóvenes, pues así llegan a darse cuenta de que la negligencia o los errores serios pueden acarrear muy malas consecuencias. Una agenda personal ayuda mucho a clarificar esta realidad.

9. También es importante que los adolescentes distingan la diferencia entre tener popularidad y ser respetado.
Los adolescentes ansían agradar, ser aceptados favorablemente por sus iguales. Sus emociones sobre este particular a menudo les ciegan, y no se dan cuenta de la importancia de ganarse el respeto de los demás y mantener el respeto de sí mismos. Por tanto, los padres deberían preocuparse por enseñar algo fundamental en las relaciones interpersonales: la amistad se basa en el respeto mutuo, no en la diversión compartida.

Hay una gran diferencia entre un amigote -un cómplice de la diversión -y un verdadero amigo. La apariencia de amistad sin el componente del respeto se llama familiaridad, y al final suele conducir al desprecio. Puede que haya alguien a quien le guste estar con nosotros porque les hacemos reír, pero eso no significa que nos estimen personalmente, ni que nos respeten. No vale la pena perder el respeto de sí mismo para conseguir ser “popular”; tarde o temprano, los demás nos abandonarán y escogerán otras diversiones.
Personas de todas las edades, tanto adultos como adolescentes, sienten respeto por quienes demuestran tener un carácter recio. A veces cuesta, pero vale la pena esforzarse por conseguirlo. Ése respeto dará paso a una gran estima, de modo que nos querrán por lo que somos. Eso es mucho más importante que sencillamente «agradar» a los demás.

10. Las conversaciones sobre moral sexual deberían tratar, entre otras cosas, de la preparación para el matrimonio.

Tener una cita con una chica no es solo una actividad social. En el fondo, es la disposición, a largo plazo, para una vida matrimonial estable y feliz. Tener amigos del sexo opuesto facilita conocer las diferencias psicológicas y de temperamento entre el hombre y la mujer. Resulta interesante y hasta fascinante, estudiar la riqueza y variedad de personalidades de la gente. Este aprendizaje posibilita formar con el tiempo un buen juicio crítico en el trato con las personas de ambos sexos, lo que es crucial, a su vez, para el noviazgo y la elección definitiva del futuro cónyuge.

Es muy conveniente que los chicos se den cuenta de que los años de la adolescencia son para cultivar la amistad, no parar tener un largo romance. Los jóvenes pueden enamorarse y desenamorarse con facilidad. Eso, en sí mismo, es inofensivo. Pero mantener una compañía constante y exclusiva con una persona atractiva puede conducir – y de hecho conduce a menudo- a graves problemas. Esto no es teoría. Es un hecho. Además, en algún momento hay que enseñar a chicos y chicas la necesidad de saber ser comedidos y saber guardar el honor personal.

Las chicas no suelen ser conscientes, por ejemplo, de cómo la inmodestia en el vestido y la intimidad en el contacto pueden avivar las pasiones de los chicos. Sin malicia por su parte, tan solo por buscar tiernas situaciones románticas, pueden originar graves problemas morales en muchachos de su edad. Por tanto, hay que advertir a las chicas del peligro de llegar a ese punto en que se inflaman las pasiones de los jóvenes, como algo que forma parte de su naturaleza y que constituye una diferencia de temperamento importante entre ambos sexos, con la que no se puede jugar.

Los chicos, por su parte, necesitan que se apele a su varonil sentido del honor. Puesto que normalmente se sienten atraídos más que nada por el aspecto externo de las jóvenes (un error del que solo se darán cuenta más tarde), piensan que a ellas se las conquista con una buena apariencia física, estilo Hollywood. Deben saber que las chicas tienden a impresionarse más por la personalidad. Las chicas buscan a un hombre que sea a la vez considerado y de ideas firmes, amable y con control de sí mismo: alguien que demuestre ser capaz de cuidar de su futura familia y que sea lo suficientemente fuerte para darle lo que necesita.

Los jóvenes, en los últimos años de adolescencia, son más bien receptivos a las conversaciones que tratan sobre su porvenir como esposos y padres. Este tipo de charla les ayuda a salir del torbellino social de citas con chicas, bailes, etc. y les hace considerar seriamente un futuro no lejano. Además, una conversación así -sea el padre, o la madre, quien hable con su hijo- es una excelente forma de hablar de las cuestiones morales relativas al trato con chicas: respeto, dominio de sí, protección, sentido del honor… que se deben tener presentes al quedar para salir juntos. Por anticuado que pueda parecer, a los chicos les gusta verse a sí mismos como caballeros que protegen y cuidan a las muchachas de su edad.

“Señora” y “caballero”. Estos términos no se usan mucho hoy en día, quizá por la pérdida generalizada del respeto a uno mismo y a los demás, que se produce en nuestra sociedad y porque la moderación personal está peor considerada. Pensar en los hijos pequeños como en futuras señoras y caballeros, es un marco de referencia que ayuda en su educación. Hay ciertamente una conexión entre los buenos modales en la infancia (el uso, por ejemplo, de expresiones como “por favor” y “gracias”) y la castidad en la adolescencia. El respeto y el dominio personal, cuando los chicos llegan a los trece o los catorce años, no se pueden enseñar de un día para otro.

Próximo capítulo (febrero de 2020):
IV. Reflexiones sobre la adolescencia: 13 rasgos de los adolescentes (IV)